¿Qué significa el duelo?

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El duelo se puede definir cómo un proceso natural de adaptación ante una pérdida, como la de un ser querido, la de un familiar, cambios laborales, etc. sin posibilidad de recuperación, y en el que nos tenemos que ir adecuando a una nueva realidad.
El duelo es cultural, cada sociedad tendrá su estilo de afrontamiento y diferentes rituales. En nuestra sociedad se nos transmitió la necesidad de pasar por alto los sentimientos y hemos aprendido a que el tiempo todo lo cura. Esto es una de las tantas formas de no permitirnos vivenciar y elaborar el duelo. Se puede decir que cuanto más tardemos en aceptar e integrar el duelo a nuestras vidas, más difícil será continuar con ellas.
Es importante asumir que el inmenso dolor que sentimos cuando hemos perdido a un ser querido es totalmente normal y parte del proceso para iniciar nuestra sanación emocional.
Durante el proceso de duelo pasaremos por diferentes fases o etapas:
1. Negación: Suele ser una de las primeras etapas del proceso. Cuando estamos en negación nuestra razón nos dice que hemos perdido a alguien, pero emocional y psicológicamente no lo aceptamos. Tenemos la sensación de que todo es un mal sueño del que vamos a despertar.
La negación tiene su función, es como una anestesia emocional que permite atenuar el paso del dolor y nos da un tiempo extra para elaborar la situación tan intensa emocionalmente. Nos impide derrumbarnos.
2. Ira. Nos enfadamos con la realidad y nuestro entorno. Sentir ira, enfado o envidia será normal en el proceso de duelo, pero al estar prohibidas culturalmente no las podemos expresar con naturalidad. Sin embargo, si no exteriorizamos la ira, esta se volverá en contra de nosotros en forma de culpa.
3. Culpa. Nos sentimos mal por acciones que realizamos o no en el pasado. Hay muchas situaciones que no están bajo nuestro control. Esta se puede convertir en un obstáculo para avanzar en nuestro proceso de duelo.
4. Pacto/Negociación. La persona intenta realizar un pacto de acuerdo con sus valores y creencias, encontrar maneras de revertir la situación y compensar lo que ha perdido.
5. Tristeza. Esta es la fase donde la pérdida se hace más consciente, luego de haber peleado con la realidad, la negación, la ira, la culpa, nos damos cuenta de que la ausencia es inevitable. Generalmente, tenemos miedo de conectar con la tristeza, pero si intentamos vincularnos con los recuerdos de la persona fallecida, podremos manejar mejor la emoción y la tristeza irá disminuyendo de a poco.
6. Reconstrucción. Aquí procuramos salir de la situación de profundo dolor en la que estamos sumidos, buscando distintas actividades. En esta fase solemos echar la vista hacia atrás y comenzar a cerrar asuntos pendientes con la persona fallecida (cosas que quedaron por decir, por hacer juntas).
7. Aceptación. Es una de las últimas etapas del duelo. Aquí intentamos reorganizar y subirnos otra vez al tren de la vida. Aceptar es poder recordar a la persona y reconocer los cambios que tuvo nuestra vida a raíz del duelo. Es fundamental centrarnos en el aquí y ahora y preguntarnos: ¿Qué necesito ahora? ¿En qué personas me puedo apoyar?
8. Integración. Esta es la última etapa del proceso. Ninguno de nosotros será la misma persona luego del fallecimiento de un ser querido. En esta fase seremos capaces de integrar la pérdida a nuestra vida. Habremos conseguido aprender a recordar al fallecido y, sobre todo, a descubrir nuestro nuevo yo.
Cada uno de nosotros experimentará las pérdidas de diferente manera y a distintos ritmos de tiempo. Tras una pérdida, debemos aprender a darnos permiso para experimentar el dolor, tanto físico como emocional, por eso, necesitamos reaprender nuestra relación con el mundo; la persona que hemos perdido ya no forma parte de él, por lo tanto, le tendremos que dar un significado a esa pérdida, entendiendo que esto no quiere decir “olvidar”, sino darle un resignificado al vínculo.
Es importante rodearnos de personas que comprendan y respeten nuestro tiempo, que simplemente nos escuchen sin juzgar. Nos ayudará contactar con recuerdos, contar anécdotas que hemos vivido con esa persona, escribir todo aquello que no pudimos decir o simplemente lo que necesitemos expresar, también podemos hacerlo a través de canciones, identificándonos con la letra. Lo importante es intentar no dejar de lado nuestro autocuidado.
Hay situaciones como la actual, debida a la pandemia de la COVID-19, en la cual las pérdidas son muy intensas y muchísimas personas no han podido despedirse de sus seres queridos. Ante esto sería positivo realizar un ritual de despedida con fotos, velas y/o flores y buscar el apoyo de grupos de personas que han pasado por la misma situación, ya que es una buena opción para saber que no estamos solos en este duro proceso. También, debemos recordar que siempre podemos contar con la ayuda de un profesional en caso de necesitarlo.

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“Resolvemos nuestro duelo no cuando dejamos de recordar, sino cuando a pesar del dolor que nos suscitan… los recuerdos se convierten en fuente de gratitud y amor”

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